Leyenda


Sin haber entrado aún en la historia, las Islas Canarias están presentes en la leyenda como aquellas tierras míticas que se encontraban más allá de Las Columnas de Hércules, del estrecho de Gibraltar, camino del Mar Tenebroso. Aquí situaron muchos autores clásicos el Paraíso, los Campos Elíseos o el Jardín de las Hespérides, aunque uno de los primeros testimonios fiables sobre las Islas se lo debemos a Plinio, que en el siglo I, nos habla de una expedición enviada por el mauritano rey Juba, de la que le llevaron como recuerdo de la aventura, unos enormes perros de los que se deriva el nombre del archipiélago: Canarias, de can o canes. Hay, todavía, soberbios ejemplares de una raza autóctona de perros de presa isleños, de fiero e impresionante aspecto, llamados verdinos (o bardinos, según las islas).

No es de extrañar que, en las primeras narraciones legendarias o históricas sobre Canarias, se hiciera casi siempre mención a Tenerife, a la que se denominó también Nivaria, puesto que, en estas latitudes, la estampa de una enorme montaña nevada, visible desde muchos kilómetros a la redonda, emergente por encima de las más elevadas nubes, debía impresionar vivamente a aquellos antiguos navegantes.